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30 de septiembre de 2026

EL DESEMPLEO BAJÓ, PERO EL EMPLEO TAMBIÉN

 

Por Profesor Felipe Argote

Tomado de www.elblogfdefelipeargote.net


Las estadísticas económicas tienen una característica curiosa: pueden ser correctas y, aun así, contar una historia equivocada si uno decide mirar solamente un número. Algo así como la contabilidad creativa del MEF.

Ese puede ser exactamente lo que vemos en el informe del mercado laboral panameño en donde el presidente celebra la reducción del desempleo de 10.4% a 8.5% en menos de un año.

Según las cifras de la Encuesta de Mercado Laboral, la tasa de desempleo pasó de 10.4% en septiembre de 2025 a 8.5% en agosto de 2026. A primera vista, es una excelente noticia. El número de desocupados disminuyó de 227,302 a 189,188 personas. Esos son 38,114 desempleados menos.

Entonces, ¿se está recuperando vigorosamente el mercado laboral? No creo.

Cuando uno abre el cuadro y mira más allá del titular, aparece una realidad bastante diferente. Desaparecieron 145 mil ocupados plenos.

En septiembre de 2025 había 1,090,616 ocupados plenos en Panamá. En agosto de 2026 quedan 945,631. En apenas once meses desaparecieron estadísticamente 144,985 ocupados plenos. Mientras el gobierno en Conferencia de prensa asegura que “con mucho esfuerzo” el desempleo disminuyó, el número de personas con ocupación plena se redujo en casi 145 mil.

Resulta extraño por decir lo menos celebrar una gran recuperación del empleo cuando simultáneamente disminuye de esa manera el empleo pleno.

Pero viene algo todavía más interesante.

El subempleo invisible prácticamente se duplicó. En septiembre de 2025 había 213,370 personas en subempleo invisible, para agosto de 2026 aparecen 413,155.

Son 199,785 personas adicionales ubicados en el subempleo invisible que son los que recogen latas y los que hacen maromas en los semáforos. La tasa de subempleo invisible pasó de 10.8% a 20.2%.

Casi se duplicó en once meses. El empleo invisible, por definición, es una persona que trabaja, pero cuyos ingresos laborales resultan insuficientes bajo los parámetros utilizados.

Una persona puede perder un buen empleo, comenzar a vender comida, conducir un vehículo, realizar trabajos ocasionales, ofrecer servicios por cuenta propia o aceptar una actividad de menor remuneración y, estadísticamente, ya no necesariamente aparecer como desempleada.

El dato verdaderamente revelador no es que haya 38 mil desempleados menos.

El dato extraordinario es que simultáneamente tenemos:

144,985 ocupados plenos menos.

199,785 subempleados invisibles más.

12,887 subempleados visibles adicionales.

Es decir, una parte importante del deterioro del mercado laboral puede no estar apareciendo en la columna llamada "desempleo". Puede estar apareciendo en otra columna: Subempleo.

Y eso cambia radicalmente la lectura de la cifra. No significa que el dato de 8.5% sea falso. Significa algo mucho más interesante desde el punto de vista económico:

La tasa de desempleo, por sí sola, ya no describe adecuadamente lo que está ocurriendo en el mercado laboral panameño. Hay más ocupados, pero menos ocupados plenos. Este es el dato más importante.

En septiembre de 2025, aproximadamente 55 de cada 100 ocupados eran ocupados plenos.

En agosto de 2026 son aproximadamente 46 de cada 100.

Eso no parece el retrato de un mercado laboral que haya mejorado en la misma magnitud que sugiere la caída del desempleo, parece más bien el retrato de una transformación a la baja en la calidad del empleo.

Medio millón de subempleados

Si sumamos el subempleo visible y el invisible encontramos otro número que merece atención:

Agosto de 2026: Subempleo visible: 92,318. Subempleo invisible: 413,155

Total: 505,473 personas.

Más de medio millón de trabajadores panameños están en alguna de estas dos categorías de subempleo. En septiembre de 2025 eran 292,801. Es un aumento es de 212,672 personas en once meses.

Además, existe algo que los economistas nunca debemos despreciar: la información que proviene del comportamiento real de las empresas.

Cuando las empresas reducen personal, congelan contrataciones, no reemplazan trabajadores que renuncian, disminuyen jornadas o trasladan funciones a menos empleados, algo está ocurriendo en el mercado laboral, aunque todavía no aparezca claramente reflejado en un único indicador agregado.

Eso no significa que debamos reemplazar las estadísticas por percepciones empresariales.

Sería un error. Pero también sería un error hacer lo contrario: ignorar todas las demás señales porque una sola tasa bajó. En economía ningún indicador debe analizarse aisladamente. Entre estar desempleado y tener un empleo pleno existe una enorme zona gris.

Allí están el trabajo informal, el empleo ocasional, el autoempleo de subsistencia, el trabajo por horas y el subempleo. Una economía puede reducir su desempleo sin generar suficientes buenos empleos. Sin embargo, la precarización del empleo tiene consecuencias en la demanda agregada, en el fondo de las pensiones del Seguro Social y por tanto en el déficit actuarial.

El desempleo es apenas la parte visible del mercado laboral. Debajo de la superficie están el subempleo, la informalidad, los bajos ingresos, la reducción del empleo pleno y las personas que trabajan simplemente porque necesitan generar cualquier ingreso disponible.

Por eso el 8.5% puede ser una cifra estadísticamente correcta, sin embargo, el crecimiento a niveles históricos de la precariedad es un dato mucho más importante.

Incluso tan solo la orientación de un entrevistador puede llevar a cambio en el resultado de las cifras. Si el entrevistador pregunta a un desempleado:

¿Pero has hecho algo?

Ante la respuesta de… si… vendo rifas clandestinas…   lo registre como subempleado invisible… y como ese negocio no es estatal, un vocero del gobierno dirá que la empresa privada esta creando mas empleos que el estado por primera vez en años…

Carilimpios…

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16 de septiembre de 2026

LA RESERVA FEDERAL SUBE LA TASA: CÓMO AFECTA A PANAMÁ


Por Profesor Felipe Argote

La Reserva Federal de Estados Unidos decidió este 16 de septiembre de 2026 aumentar en un cuarto de punto porcentual su tasa de referencia, llevándola al rango de 3.75%-4.00%. Alguien podría preguntarse qué tiene que ver esto con Panamá. Muchísimo.

Panamá no tiene banco central ni moneda propia. Utilizamos el dólar y, por tanto, cuando la Reserva Federal sube el precio del dinero en Estados Unidos, también aumenta el costo de financiamiento en dólares para Panamá. Y precisamente en dólares es que el Gobierno se endeuda.

El problema no es solamente cuánto debemos. También hay que preguntar a quién le debemos, a qué tasa, cuándo vence esa deuda y con qué la vamos a pagar cuando llegue el vencimiento. Porque una cosa es emitir un bono a treinta años con tasa fija y otra muy distinta pedir prestado a la banca privada internacional por apenas dos o tres años.

Eso fue precisamente parte de la estrategia reciente del Ministerio de Economía y Finanzas. El Gobierno tomó préstamos con bancos internacionales privados a plazos relativamente cortos porque podía obtener tasas menores que las que hubiera enfrentado emitiendo bonos de largo plazo. La lógica era sencilla: conseguir dinero más barato hoy, reducir el déficit, mejorar las finanzas públicas, recuperar la calificación perdida con Fitch y luego regresar al mercado internacional para sustituir esos préstamos cortos por bonos de largo plazo a tasas menores.

Financieramente tenía sentido. Era, en esencia, una apuesta sobre el futuro.

El problema es que el futuro llegó y las condiciones pueden ser menos favorables de lo esperado. El asunto es que la expropiación de las cuentas personales de los asegurados del sistema mixto que redujo el déficit al registrarse como ingreso corriente no es recurrente y el apetito de los partidos tradicionales de su gran alianza es insaciable, así que los gastos siguen subiendo como globo de feria.

Los préstamos bancarios a dos y tres años comienzan a acercarse a sus vencimientos. Si el Gobierno no tiene recursos para pagarlos y de seguro así será, tendrá que refinanciarlos. Y aquí es donde salta la liebre: la Reserva Federal sube la tasa.

Eso significa que el dinero internacional se encarece. Los nuevos préstamos con bancos privados pueden salir más caros y las nuevas emisiones de bonos también. El rendimiento que exige un inversionista para comprar deuda panameña parte de una referencia sencilla: tasa del Tesoro de Estados Unidos más el riesgo Panamá. Si la tasa base sube, el nuevo bono puede salir más caro aun cuando el riesgo país no empeore.

Los bonos ya emitidos a tasa fija no cambian su cupón. Si Panamá colocó un bono al 4%, seguirá pagando 4%. Lo que cambia es su precio en el mercado secundario y, sobre todo, el costo de las nuevas emisiones. Si ahora los inversionistas pueden obtener una tasa mayor en instrumentos del Tesoro estadounidense, exigirán mayor rendimiento para comprar deuda panameña.

No es que Panamá entre en crisis porque la Fed subió un cuarto de punto. Eso sería exagerado. El riesgo es acumulativo: vencimientos bancarios, bonos que deben refinanciarse, nuevas necesidades de financiamiento, déficit fiscal y una tasa internacional cada vez más alta.

Más intereses significan más gasto público. Si los ingresos no aumentan al mismo ritmo, ese mayor gasto presiona nuevamente el déficit. Y un déficit mayor obliga a buscar más financiamiento. Más deuda produce más intereses. Ese círculo vicioso es el que seguro el ministro querrá evitar.

Por eso he insistido en que el debate sobre la deuda pública no puede limitarse al monto total. Hay que observar simultáneamente el saldo de la deuda, el costo promedio de esa deuda, el calendario de vencimientos y la tasa a la que habrá que refinanciarla.

La propia estrategia del MEF reconoce que los préstamos de banca privada de uno a tres años tienen riesgo de refinanciamiento. Y ese riesgo ahora comienza a hacerse visible. De hecho, el Gobierno ya ha realizado operaciones para extender vencimientos y convertir tasas variables en fijas, precisamente para evitar quedar expuesto a peores condiciones cuando llegue la fecha de pago.

Si la estrategia era pedir prestado barato a corto plazo para luego emitir bonos más baratos cuando mejorara la calificación de riesgo de Panamá, el escenario puede estar cambiando en sentido contrario.

Ahora nos vamos a encontrarnos con préstamos bancarios que vencen y con bonos que, en lugar de colocarse a menor tasa, tengan que emitirse a una tasa mayor. La buena noticia para el actual gobierno es que su brillante equipo ha vuelto a patear la lata:  Los préstamos que vencían en 2027, 2028 y 2029 tipo bullet, esto es que se paga el capital al final del periodo, ya se refinanciaron para que se cubran en tres pagos iniciando en el primer semestre de 2029. Traducción, lo paga el siguiente gobierno. 

Profesor Felipe Argote
Economista