Por Profesor Felipe Argote
La Reserva Federal de Estados
Unidos decidió este 16 de septiembre de 2026 aumentar en un cuarto de punto
porcentual su tasa de referencia, llevándola al rango de 3.75%-4.00%.
Alguien podría preguntarse qué tiene que ver esto con Panamá. Muchísimo.
Panamá no tiene banco central ni
moneda propia. Utilizamos el dólar y, por tanto, cuando la Reserva Federal sube
el precio del dinero en Estados Unidos, también aumenta el costo de
financiamiento en dólares para Panamá. Y precisamente en dólares es que el
Gobierno se endeuda.
El problema no es solamente
cuánto debemos. También hay que preguntar a quién le debemos, a qué tasa,
cuándo vence esa deuda y con qué la vamos a pagar cuando llegue el vencimiento.
Porque una cosa es emitir un bono a treinta años con tasa fija y otra muy
distinta pedir prestado a la banca privada internacional por apenas dos o tres
años.
Eso fue precisamente parte de la
estrategia reciente del Ministerio de Economía y Finanzas. El Gobierno tomó
préstamos con bancos internacionales privados a plazos relativamente cortos
porque podía obtener tasas menores que las que hubiera enfrentado emitiendo
bonos de largo plazo. La lógica era sencilla: conseguir dinero más barato hoy,
reducir el déficit, mejorar las finanzas públicas, recuperar la calificación
perdida con Fitch y luego regresar al mercado internacional para sustituir esos
préstamos cortos por bonos de largo plazo a tasas menores.
Financieramente tenía sentido.
Era, en esencia, una apuesta sobre el futuro.
El problema es que el futuro
llegó y las condiciones pueden ser menos favorables de lo esperado. El asunto es
que la expropiación de las cuentas personales de los asegurados del sistema
mixto que redujo el déficit al registrarse como ingreso corriente no es
recurrente y el apetito de los partidos tradicionales de su gran alianza es insaciable,
así que los gastos siguen subiendo como globo de feria.
Los préstamos bancarios a dos y
tres años comienzan a acercarse a sus vencimientos. Si el Gobierno no tiene
recursos para pagarlos y de seguro así será, tendrá que refinanciarlos. Y aquí es
donde salta la liebre: la Reserva Federal sube la tasa.
Eso significa que el dinero
internacional se encarece. Los nuevos préstamos con bancos privados pueden
salir más caros y las nuevas emisiones de bonos también. El rendimiento que
exige un inversionista para comprar deuda panameña parte de una referencia sencilla:
tasa del Tesoro de Estados Unidos más el riesgo Panamá. Si la tasa base sube,
el nuevo bono puede salir más caro aun cuando el riesgo país no empeore.
Los bonos ya emitidos a tasa fija
no cambian su cupón. Si Panamá colocó un bono al 4%, seguirá pagando 4%. Lo que
cambia es su precio en el mercado secundario y, sobre todo, el costo de las
nuevas emisiones. Si ahora los inversionistas pueden obtener una tasa mayor en
instrumentos del Tesoro estadounidense, exigirán mayor rendimiento para comprar
deuda panameña.
No es que Panamá entre en crisis
porque la Fed subió un cuarto de punto. Eso sería exagerado. El riesgo es
acumulativo: vencimientos bancarios, bonos que deben refinanciarse, nuevas
necesidades de financiamiento, déficit fiscal y una tasa internacional cada vez
más alta.
Más intereses significan más
gasto público. Si los ingresos no aumentan al mismo ritmo, ese mayor gasto
presiona nuevamente el déficit. Y un déficit mayor obliga a buscar más
financiamiento. Más deuda produce más intereses. Ese círculo vicioso es el que
seguro el ministro querrá evitar.
Por eso he insistido en que el
debate sobre la deuda pública no puede limitarse al monto total. Hay que
observar simultáneamente el saldo de la deuda, el costo promedio de esa deuda,
el calendario de vencimientos y la tasa a la que habrá que refinanciarla.
La propia estrategia del MEF
reconoce que los préstamos de banca privada de uno a tres años tienen riesgo de
refinanciamiento. Y ese riesgo ahora comienza a hacerse visible. De hecho, el
Gobierno ya ha realizado operaciones para extender vencimientos y convertir
tasas variables en fijas, precisamente para evitar quedar expuesto a peores
condiciones cuando llegue la fecha de pago.
Si la estrategia era pedir
prestado barato a corto plazo para luego emitir bonos más baratos cuando
mejorara la calificación de riesgo de Panamá, el escenario puede estar
cambiando en sentido contrario.
Ahora nos vamos a encontrarnos
con préstamos bancarios que vencen y con bonos que, en lugar de colocarse a
menor tasa, tengan que emitirse a una tasa mayor. La buena noticia para el
actual gobierno es que su brillante equipo ha vuelto a patear la lata: Los préstamos que vencían en 2027, 2028 y
2029 tipo bullet, esto es que se paga el capital al final del periodo, ya se
refinanciaron para que se cubran en tres pagos iniciando en el primer semestre
de 2029. Traducción, lo paga el siguiente gobierno.
Profesor Felipe Argote
Economista


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