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8 de junio de 2010

ACTIVOS TOXICOS

Por: Felipe Argote


Los eufemis mos que utilizan los especialis tas de la corriente austriaca vinculados a la economía y las finanzas, muchas veces sirven para cubrir a los términos reales que están tan desprestigiados que suenan mal sin importar el idioma. Si en una publicación te escriben sobre cuentas incobrables e inversiones basura el lector sabrá que se refieren a propiedades con pocas posibilidades de convertirse en líquidas a su valor en libros.

Por eso los especialistas de tendencia ultra conservadora acuñaron el termino activos tóxicos intentado remozar con pintura verbal aquellos miles de millones de dólares trabados en propiedades que hoy se encuentran muy por debajo del valor en libros, luego de explotar como globo la burbuja inmobiliaria que ellos mismos crearon.

En septiembre de 1988 estando en la presidencia de George Bush hace crisis el sistema financiero norteamericano. La razón no es otra que la mínima supervisión estatal en las operaciones financieras como pieza fundamental del modelo neoliberal, que hizo que los mercaderes bancarios otorgaran créditos hipotecarios a deudores sin capacidad de pago.

El sistema no era para nada complicado. Se te ofrecía hipotecas que establecían un desembolso para adquirir viviendas por encima de la capacidad de pago de los clientes mediantes cancelaciones que no eran iguales durante todo el trayecto del crédito. Por ejemplo, te ofrecían pagar una mensualidad relativamente baja los cinco primeros años y luego un aumento mensual el quinto año, y posteriormente otro aumento a partir del decimo, con el argumento que a pesar que hoy no puedas pagar la mensualidad, la pagarías en el quinto y en el décimo. Suponían que el crecimiento de la economía y el crecimiento en los ingresos del deudor lo llevaría a tener capacidad de pago cuando le correspondiera el aumento. Por supuesto que al quinto año muchos no pudieron pagar el acrecentamiento en la mensualidad y perdieron sus casas. Fueron millones de deudores los que quedaron a la interperie.

Algunos desprevenidos comentarán que esas ventas de alto riesgo no son convenientes para los bancos y por tanto resulta sospechoso que ellos mismos se coloquen la soga alrededor del cuello. Pues no. El banco a su vez vende los créditos en forma de bonos. El comprador en ese momento no tendría aprensiones de adquirir el bono pues casi por definición se considera que las inversiones más seguras son aquellas respaldadas por hipotecas. Así el banco vende la deuda y recupera la ganancia.

Por supuesto que esto al final resulta algo muy parecido a un esquema Ponzi mejor conocido en nuestro medio como una variedad de pirámide.

La situación en septiembre de 2008 ocho no podía ser catalogada menos que espantosa. La caída de Lehman Brothers pone a la economía norteamericana al borde del precipicio con efectos inmediatos en Inglaterra primero y luego en el resto del mundo desarrollado. Lehman Brothers es una gigante financiera creada en 1844 por un inmigrante alemán procedente de Baviera. Llamó a la compañía con su nombre H. Lehman pero luego con la incorporación de sus hijos Emanuel y Mayer se llamó Lehman Brothers.

Luego cayeron en fila las compañías hipotecarias La Federal National Mortgage Association conocida popularmente como Fannie Mae y La Federal Home Loan Mortgage Corporation mejor conocida como Freddie Mac, y más tarde la aseguradora AIG American International Group, Inc. (AIG). Esta última es la más importante aseguradora de Estados Unidos.

Ya metidos en la crisis hasta la cintura la discusión de los conservadores neoliberales era cómo el estado debía intervenir para evitar la catástrofe. Aquí aparecen de nuevo los activos tóxicos. Se propone que el gobierno, con el dinero de los contribuyentes adquiera las propiedades devaluadas de los bancos. Su formación política y teórica republicana no les permite visualizar siquiera la posibilidad de nacionalizar estos empresas, que el estado tenga participación en la actividad privada era un sacrilegio. Pero aunque tampoco es parte del manual, sí querían que el gobierno los desembarazara de sus activos tóxicos adquiriéndolos a su valor en libros. Ante esta disyuntiva nadie se decide a tomar el paso y la crisis se acentúa día a día. Esto en medio de las elecciones norteamericanas. Incluso el candidato republicano John Mc Cain detiene su campaña y se va a Washington a participar en la discusión de la crisis.

Al final fue Inglaterra y su primer ministro Gordon Brown quienes se deciden por estatizar las empresas en quiebra en vez de comprar sus activos tóxicos. Estados Unidos lo imita y adquiere hasta el 80% de AIG convirtiéndola en una empresa estatal. Nadie habría sospechado hace tres años que un gobierno fundamentalista neoliberal tomaría medidas como éstas que posee una dinámica más parecidas al modelo keynesiano que al neoliberalismo. El nuevo gobierno de Barack Obama adquiere la General Motors al comprar el 80% de sus acciones. Luego compran gran cantidad de las acciones de empresas tan importantes como Citigroup, Chysler, GMAC entre otras. Los activos tóxicos siguen allí, pero las compañías y sus dignatarios disfrutan de una potente inyección económica procedente de los impuestos de los contribuyentes, mediante la socialización de las pérdidas de sus compañías.

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