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18 de diciembre de 2009

LA INVASIÓN A PANAMÁ

Por: Felipe Argote

Un día antes de la noche más larga del año en el hemisferio norte, la noche se tornó aun más larga, casi perpetua, para los miles de habitantes especialmente del Chorrillo que sintieron caer bombas de 500 libras literalmente encima de sus cabezas.

Nunca se supo, tal vez nunca se sabrán, todos los nombres de los asesinados inocentes. No existe un monumento con sus nombres para que las futuras generaciones no los olviden. No. Por el contrario, todos los gobiernos, empezando por el que tomo posesión en una base militar extranjera han tratado de pasar por alto el episodio más lamentable de la historia de nuestro país.

Sin embargo, los muchos inocentes asesinados sin razón y también las decenas que murieron empuñando las armas, defendiendo la dignidad del país, al entregar sus vidas garantizaron la salida diez años más tarde no solo de los soldados que invadieron nuestro territorio sino de todos los acantonados en las bases y el cierre definitivo de la Zona del Canal. A pesar de la gran impopularidad de la dictadura de Noriega, a pesar de que los pequeños y grandes intentos de destronar al dictador resultaron infructuosos y el pesimismo parecía hacerse dueño de la población, hubo importantes sectores que reaccionaron en contra de la intromisión de los militares extranjeros para dilucidar un conflicto interno. Una minoría de los panameños fueron genuflexos. Esto se demostró con las grandes movilizaciones que a pesar de la presencia de los tanques gringos recorrieron las calles el primero de mayo, apenas cuatro meses después de la invasión, las grandes manifestaciones de la Coordinadora por el derecho a la vida para quien el gobierno pelele inventó la oprobiosa ley 25 y especialmente la multitudinaria marcha del 20 de diciembre de 1990.

Esta actitud patriótica de los comités, especialmente el de familiares de caídos el 20 de diciembre, pero también muchos otros, fueron importantes para que el invasor calculara que era mejor irse y como ladrón que huye a su guarida, no esperó que fueran las 12 del mediodía del 31 de diciembre de 1999, en vez de eso fue hacia la colina del edificio de la administración del canal en medio de la complicidad de la noche, bajó su última bandera y salió en el último avión militar de la base de Howard.

La larga lista de los caídos el 20 de diciembre de 1989 se suma a la de los héroes y mártires caídos en 1925 y 1964, que con su preciosa sangre ayudaron a cimentar nuestro país libre y soberano. Mientras disfrutamos de la hermosura de nuestras áreas revertidas y nos sentimos orgullosos de nuestro canal, no debemos olvidar que muchos hombres y muchas mujeres dieron su vida para que algo que hace años parecía un sueño, se hiciera realidad.

PROHIBIDO OLVIDAR

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