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9 de octubre de 2009

LA MARSELLESA

Por Felipe Argote
Fotos: Felipe Argote


Aquellos que opinan que la historia solo se escribe por las mayorias, estan a mi juicio, equivocados. No quiero que se me malinterprete. Es cierto que para que se desarrollen los grandes cambios históricos se necesita el consenso de importantes segmentos de la población que abracen la causa. Pero de aquellos, algunos la tomarán con mayor pasión y se integraran en cuerpo y alma, otros solo apoyarán indirectamente y un gran número solo se sumará mediante los aplausos y vítores. Y por supuesto estarán los conservadores que querrán mantener las cosas como están y los adláteres dispuestos a dar la vida para defender el bienestar de los amos. Esos son los esquiroles.


Sin duda uno de los movimientos que definieron la dirección del camino de la humanidad en un momento histórico fue la revolución francesa. Las masas empobrecidas salieron de los suburbios a reclamar su espacio en la historia. En su arrolladora decisión rompieron con cientos de años de alienación y adoctrinamiento y nada menos que guillotinaron a los, en ese momento, considerados representantes de Dios en la tierra. Guillotinaron al rey Luis XVI y a la reina María Antonieta, elimando entre otras cosas los grandes privilegios de la iglesia católica convertida en la mayor terrateniente y que cobraba por su cuenta y bajo una supuesta autoridad divina, altos impuestos en forma de diezmo a todos los ciudadanos.



Solo 500 voluntarios salieron de Marsella al mando de Francois Mireur. Llegaron a defender la revolución, los principios de igualdad, libertad y fraternidad amenazadas por Prusia y Austria que recien habian firmado un acuerdo militar para derrotar la revolución y restituir al rey Luis XVI y a Maria Antonieta, hermana del rey de Austria, en contra de la voluntad de la Asamblea Democrática reunida en Paris, que debatía sobre el futuro de la república de Francia. En esta asamblea los sectores de la nobleza que defendían la restitución de la monarquía se sentaban a la derecha, mientras los jacobinos, mas proclives a su eliminación, se sentaron a la izquierda. Esto generó el término aun utilizado de derecha a los sectores mas conservadores e izquierda a los revolucionarios.

El 30 de julio de 1972 los voluntarios que caminaron desde Marsella para defender la revolución, entraron a Paris cantando la que se llamaba hasta ese momento “Canción de Guerra para el Ejército del Rhin”, compuesta por el capitan Claude-Joseph Rouget de Lisle. Pero entre los vítores, el pueblo parisino la denominó: la Marsellesa. Desde ese momento y hasta la fecha se convirtió en el himno de la República de Francia.



Marsella nació como Massalia, un asentamiento de marineros focenses, que se transformó en ciudad estado 600 años antes de cristo. Aun se conservan los acueductos romanos despues de 2000 años. Su religión es mayoritariamente católica. Se asegura que el cristianismo fue introducido por Maria Magdalena, compañera para algunos de Jesucristo y Lázaro de Betania, el mismo que fue devuelto de las garras de la muerte. La ciudad sobrevivió a la peste negra de 1347 que cobró la vida a 90,000 personas solo en Marsella. Fue la cuna del renacimieto francés. Casi destruida durante la segunda guerra mundial, hoy se levanta tranquila mientras las aguas del mediterráneo le acarician los pies y la gente se concentra por miles en los numerosos bares al aire libre comiendo los platillos de nombres impronunciables y bebiendo el milenario vino introducido en el siglo IV antes de cristo, que la ha hecho famosa en Francia y el mundo.

Las noches en Marsella dan la impresión de que siempre ha sido asi de tranquila, pero una revisión superficial de su historia delata lo contrario. Mientras esta hermosa ciudad del sur de Francia se pasea por la costa mediterránea con su cabellera alborotada ondeando al viento.

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