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9 de junio de 2026

Uno De Cada Cuatro Jugadores Del Mundial Juega En Un País Que No Es El Suyo



Por el Profesor Felipe Argote

Economista |  www.elblogdefelipeargote.net

Junio 2026

Permítame hacerle una pregunta incómoda antes de que empiece el Mundial de la FIFA 2026: cuando Argelia enfrente a Marruecos en este torneo, ¿estará usted viendo un clásico del fútbol africano, o estará viendo un partido entre dos equipos compuestos mayoritariamente por hombres que nacieron, crecieron y se formaron como futbolistas en los suburbios de París, Madrid, Bruselas y Ámsterdam?

La respuesta, me temo, es lo segundo. Y eso debería incomodarnos a todos.

I. Los números que nadie quiere discutir

Cuando se cerraron las listas oficiales para el Mundial 2026, un dato histórico pasó casi desapercibido entre el ruido mediático: por primera vez en la historia de una Copa del Mundo, 289 jugadores —el 23.2% de todos los convocados— competirán bajo una bandera diferente a la del país donde nacieron. Eso frente al 16.5% registrado en Qatar 2022: un incremento del 40% en un solo ciclo mundialista.

Pero hay un dato dentro de ese dato aún más revelador: la abrumadora mayoría de esos 289 jugadores nació en Europa. Más específicamente, nacieron en cinco países —Francia, Países Bajos, Inglaterra, Alemania y España— y representarán, con distintas camisetas, a selecciones de África, el Caribe, Asia y América.

Países europeos exportadores de jugadores al Mundial 2026

País europeo de nacimiento

Jugadores en otras selecciones

Francia

113

Países Bajos

42

Inglaterra

24

Alemania

23

España

11

Bélgica

11

Suiza

6

Portugal

4

Italia

3

Otros europeos

~6

TOTAL

~243

Dicho de otra manera: de los 289 jugadores que competirán bajo bandera ajena, aproximadamente 243 nacieron en territorio europeo — el 84% de todos los casos. Europa no es solo el mayor exportador de talento futbolístico del planeta. Es, con enorme distancia, el único exportador que realmente importa en términos estadísticos.

II. Francia: el caso más extremo

Dentro de este fenómeno, Francia merece análisis aparte. Un solo país europeo de 551,000 km² aporta 113 jugadores distribuidos entre más de 15 selecciones distintas. Eso representa el 9.1% de todos los convocados al Mundial, provenientes de un único territorio.

La distribución por selección revela la geografía de la diáspora poscolonial francesa: Argelia recibe 13, Haití 12, Marruecos 11, Senegal 10, Costa de Marfil 9, Cabo Verde 8, Túnez 7, Qatar 6, la República Democrática del Congo 12, Ghana 3, Canadá 3 y Suiza 3. No son coincidencias: son las rutas históricas de la migración, codificadas en las nóminas de los equipos nacionales.

El capitán de Argelia, Riyad Mahrez, nació en Sarcelles, a 15 km del centro de París. El portero de Senegal, Édouard Mendy, es de Normandía. Kalidou Koulibaly nació en Saint-Dié-des-Vosges, en el noreste de Francia. Hannibal Mejbri se formó en el AS Mónaco y Manchester United, pero nació en Brest.

Cuando Argelia juegue su primer partido del torneo, no habrá un solo jugador en su once titular que haya aprendido a patear un balón en las calles de Argel.

III. Países Bajos y Curazao: la selección fantasma

Si Francia representa el caso más voluminoso, el caso más emblemático —y más perturbador— lo protagonizan los Países Bajos y su relación con Curazao. La pequeña isla caribeña de 444 km² y 185,000 habitantes clasificó por primera vez en su historia a una Copa del Mundo. Un logro que merece reconocimiento. Pero la naturaleza de ese logro exige una mirada crítica.

De los 26 convocados por Curazao al Mundial 2026, 25 nacieron en los Países Bajos. El único jugador nativo de la isla, Tahith Chong, se mudó de niño a Rotterdam para desarrollarse en las academías del Feyenoord. En la práctica, la selección nacional de Curazao es una franquicia deportiva del sistema de formación holandés.

"Siendo realista, no tenía posibilidades de jugar para la selección holandesa. Vi a muchos jugadores de mi edad jugar ya en la selección, pero yo no tuve la oportunidad de ser convocado." — Juninho Bacuna, selección de Curazao.

No hay misterio ni conspiración. Solo el mercado funcionando con perfecta lógica: los jugadores que no caben en una selección europea de primer nivel se convierten en titulares indiscutibles de una selección del Caribe o de África. El entrenador de Curazao, el holandés Dick Advocaat (78 años), lo diseñó deliberadamente así: identificó jugadores con raíces curazoleñas que habían pasado por academias neerlandesas pero tenían pocas probabilidades de llegar al equipo mayor de los Países Bajos. El resultado es un equipo técnicamente competitivo que plantea una pregunta filosófica sin respuesta fácil: ¿qué representa exactamente esa camiseta?

IV. España, Bélgica, Alemania e Inglaterra: los otros exportadores

Francia y Países Bajos concentran el grueso, pero no son los únicos exportadores. La lista es más larga de lo que se suele reportar:

        España (11 jugadores): Achraf Hakimi (Madrid → Marruecos), Brahim Díaz (Marruecos), Chadi Riad (Marruecos), Álvaro Fidalgo (Oviedo → México), Nico Paz (Tenerife → Argentina).

        Alemania (23 jugadores): concentrados en Bosnia-Herzegovina —Sead Kolašinac, Ermedin Demirovic, Dženis Burnić— reflejando la gran emigración de posguerra hacia la RFA.

        Inglaterra (24 jugadores): Erling Haaland (Leeds → Noruega), Aaron Wan-Bissaka (naturalizado congoleño en 2025), Angus Gunn (Norwich → Escocia).

        Bélgica (11 jugadores): principalmente hacia RD Congo —Noah Sadiki, Théo Bongonda— y Marruecos, incluyendo al talentoso Bilal El Khannouss del Leicester City.

El patrón es claro en todos los casos: los jugadores que no logran competir por un puesto en las grandes selecciones europeas redirigen su carrera internacional hacia los países de origen de sus familias, donde son figuras indiscutibles y estrellas nacionales.

V. Las selecciones más dependientes de Europa

Selecciones con mayor número de jugadores nacidos en Europa

Selección

Jugadores nacidos en Europa

Principal fuente

Curazao

25

Países Bajos (25)

RD Congo

20

Francia (12), Bélgica (5), Inglaterra (2), Suiza (2)

Marruecos

19

Francia (11 nacidos allí), España (6)

Bosnia-Herzegovina

17

Alemania (4), Austria (3), Suiza (3)

Argelia

16

Francia (13)

Haití

16

Francia (12)

Senegal

10

Francia (10)

Costa de Marfil

9

Francia (9)

Cabo Verde

8

Francia (8), P. Bajos (5)

Túnez

7

Francia (7)

Hay que detenerse en el caso de Marruecos: los marroquíes no dependen de un solo país europeo, sino que diversifican entre Francia, España, Bélgica y Países Bajos. El resultado fue visible en Qatar 2022, cuando llegaron a las semifinales con un plantel donde apenas cuatro jugadores habían nacido en suelo marroquí.

VI. La trampa del argumento sentimental

Anticipo la objeción. Ya la escucho: "Profesor, esos jugadores tienen raíces en sus países de origen. Sus padres o abuelos emigraron a Europa. Tienen derecho a elegir su selección."

Y tiene razón. Parcialmente. Nadie puede quitarle a Riyad Mahrez su condición de argelino por herencia, por cultura familiar, por identidad emocional. El fútbol de selecciones siempre ha tenido una dimensión diaspórica, y esa es parte de su riqueza histórica.

Pero hay una diferencia cualitativa entre la diáspora que se incorpora a una selección y una selección que es, en su mayoría, diáspora. Cuando doce de los veintiséis convocados de Haití nacieron en suelo francés, no estamos ante una selección haitiana con jugadores de la diáspora. Estamos ante una selección de franceses con raíces haitianas que no han sido convocados a la selección de su país de nacimiento.

Y hay un elemento adicional que el argumento sentimental no resuelve: la formación. Que Bilal El Khannouss tenga abuelos marroquíes no cambia el hecho de que aprendió a jugar fútbol en las academías del Racing Genk de Bélgica. Que Noussair Mazraoui tenga padres marroquíes no altera la realidad de que fue el Ajax de Ámsterdam quien lo formó durante más de una década. La herencia familiar es real. Pero la deuda futbolística es con Europa, no con el país cuya camiseta viste en el Mundial. Iñaki Williams nació y se formó en el país vasco. Tanto así que su hermano Nico, quien igual que Iñaki juegan para el Athletic de Bilbao es parte de la selección española.

VII. El modelo de negocio que lo explica todo

Para entender este fenómeno en profundidad, hay que entender el modelo económico que lo sustenta. Los clubes de fútbol europeos han construido durante décadas una vasta red de captación de talento joven en África, el Caribe y América Latina. Niños de 12, 13, 14 años son llevados a academias en Europa, donde se forman, se socializan, adoptan el idioma y la cultura del país receptor, y construyen toda su identidad futbolística en suelo europeo.

Cuando ese joven llega a la edad de ser convocado, tiene dos opciones: la selección europea del país donde creció —donde rara vez puede competir— o la selección del país de origen de sus padres o abuelos, donde sí tiene posibilidades reales de protagonismo.

En el caso de Surinam está ubicado geográficamente en Sudamérica, pero por decisión de FIFA jugó la eliminatoria en CONCACAF donde estuvo cerca de clasificar. De darse su clasificación, tendríamos a un equipo sudamericano clasificado por un área que no era la suya con jugadores que no eran surinameses porque solo 3 de los 26 convocados nacieron en Surinam. Algunos confesaron que conocieron Paramaribo cuando llegaron a jugar contra Panamá.

Y aquí la mayor ironía: la FIFA amplió el Mundial a 48 selecciones con el argumento explícito de democratizar el fútbol mundial. Es una narrativa hermosa. Tiene un solo problema: mientras la FIFA ampliaba el torneo hacia la periferia, el mercado real iba en dirección contraria, concentrando cada vez más el talento y la formación en un puñado de países europeos. La democratización geográfica del torneo convive con una centralización creciente del capital humano futbolístico.

VIII. Panamá: la excepción que confirma la regla

En medio de este panorama, me permito destacar un dato que como panameño me llena de orgullo genuino. Panamá es una de apenas ocho selecciones en todo el Mundial 2026 que llega al torneo con un plantel compuesto íntegramente por jugadores nacidos en su propio territorio.

Las otras siete son Brasil, Colombia, Austria, República Checa, Sudáfrica, Arabia Saudita y Suecia. Una lista diversa, pero corta. Ocho de cuarenta y ocho.

Nuestros jugadores aprendieron a jugar fútbol en las canchas de Panamá, con entrenadores panameños, en las ligas panameñas. Eso tiene un valor que va más allá de los resultados deportivos: tiene que ver con la coherencia entre la camiseta y la historia que esa camiseta representa.

IX. Lo que debería cambiar

Hay políticas concretas que podrían comenzar a corregir esta distorsión:

        La FIFA debería establecer reglas más estrictas sobre el período mínimo de residencia en el país de origen antes de poder ser elegible para esa selección.

        Los países de origen deben invertir masivamente en sus propias academias de formación. No pueden seguir exportando talento en bruto y quejarse después de que regresa con otra cultura deportiva.

        Los clubes europeos que capturen talento sub-16 de países en desarrollo deberían estar sujetos a mecanismos de compensación hacia las ligas y federaciones de origen.

        Los criterios de elegibilidad de la FIFA deberían incluir un componente de arraigo verificable —tiempo vivido en el país, formación en ligas locales— y no solo un vínculo sanguíneo genealógico.

        El vínculo sanguíneo no debe sobrepasar más allá de sus padres

        Ninguna selección debe tener mas de un 20% de su plantilla nacida fuera del país que representa.

X. Conclusión: estratificación disfrazada de globalización

El fútbol no es solo un deporte. Es uno de los fenómenos culturales que mejor refleja las asimetrías del sistema internacional: quién tiene recursos para formar talento y quién no, quién exporta personas y quién las recibe, quién define los estándares y quién los sigue.

Cuando vemos que aproximadamente 243 de los 289 jugadores que competirán bajo bandera ajena nacieron en Europa, no estamos viendo simplemente la globalización del fútbol. Estamos viendo, codificada en estadísticas deportivas, la misma lógica que opera en los flujos migratorios, en el comercio internacional y en la distribución global del conocimiento.

La selección de Curazao, compuesta en un 96% por jugadores nacidos en los Países Bajos, es la imagen más honesta de adónde conduce esta lógica llevada al extremo. Y Juninho Bacuna, al explicar su elección sin pretensiones, nos entregó el resumen más preciso de todo el fenómeno: no era elegible para los mejores, así que se convirtió en el mejor de los que quedan.

Eso no es globalización del fútbol. Es estratificación del fútbol disfrazada de globalización.

La pregunta que debemos hacernos —como aficionados, como ciudadanos, como analistas— no es si los europeos terminarán jugando entre ellos con diferentes camisetas. La pregunta es si somos capaces de construir un sistema deportivo internacional que no reproduzca, partido tras partido, torneo tras torneo, las mismas inequidades que decimos querer corregir.

Por ahora, los datos del Mundial 2026 sugieren que la respuesta es no.

XI. El 17 de junio: Panamá frente a once europeos con camiseta de Ghana

Todo lo que se ha expuesto en este artículo deja de ser abstracción estadística cuando miramos un partido concreto. El 17 de junio de 2026, Panamá saldrá al estadio con sus 11 jugadores nacidos en suelo panameño —ninguno que no sea del país canalero— a enfrentarse con lo que oficialmente se llama la selección de Ghana. Digo “oficialmente” porque lo que en realidad cruzará la cancha en sentido contrario es un combinado con una composición muy diferente a lo que el nombre sugiere.

Tomando como base la lista oficial final de 26 jugadores de Ghana publicada por la Ghana Football Association y corroborada en el listado oficial de la FIFA, 8 de los 26 convocados de Ghana nacieron fuera de ese país africano: tres en Francia, tres en Inglaterra, uno en España y uno en los Países Bajos. Si el once titular refleja esa proporción, Panamá podría estar enfrentándose en la práctica a un equipo compuesto por apenas tres o cuatro ghaneses.

Jugadores de Ghana nacidos fuera del país — Mundial 2026

#

Jugador

Ciudad de nacimiento

País de nacimiento

Bandera

1

Jordan Ayew

Marsella

Francia

🇫🇷

2

Antoine Semenyo

Chelsea, Londres

Inglaterra

🏴󠁧󠁢󠁥󠁮󠁧󠁿

3

Brandon Thomas-Asante

Milton Keynes

Inglaterra

🏴󠁧󠁢󠁥󠁮󠁧󠁿

4

Jerome Opoku

Londres

Inglaterra

🏴󠁧󠁢󠁥󠁮󠁧󠁿

5

Iñaki Williams

Bilbao

España

🇪🇸

6

Elisha Owusu

Montreuil

Francia

🇫🇷

7

Derrick Luckassen

Ámsterdam

Países Bajos

🇳🇱

8

Marvin Senaya

Francia

Francia

🇫🇷

Fuente: Ghana Football Association / Lista oficial FIFA 2026. Iñaki Williams destacado en dorado por su condición de figura internacional.

El dato que más llama la atención en esa lista es el de Iñaki Williams, delantero nacido en Bilbao, formado íntegramente en las canteras del Athletic Club y la selección española, que en 2022 decidió cambiar su elegibilidad para defender los colores de Ghana, el país de origen de su padre. Williams es hoy la figura máxima y el capitán no oficial de los “Black Stars”. Un jugador vasco de nacimiento y formación, la cara del fútbol ghanés en el mundo. Su hermano Nico Williams es titular en la selección española. Eso, en sí mismo, es el resumen más gráfico de todo el fenómeno que hemos descrito en este artículo.

El 17 de junio, cuando suene el silbato inicial, Panamá —con once jugadores nacidos en Panamá— se enfrentará a un equipo donde potencialmente ocho de sus veintiséis convocados nacieron en Europa. La diferencia no estará en las camisetas. Estará en los pasaportes que no se verán.

Ese partido, el 17 de junio de 2026, será la síntesis perfecta de todo lo que este artículo ha intentado describir: un país pequeño, soberano en su identidad deportiva, enfrentando a una selección que lleva el nombre de una nación africana pero que, en buena medida, fue construida en los estadios, academias y calles de Europa occidental. Que gane el mejor. Pero que el aficionado sepa exactamente qué está viendo.

Cuadro resumen: Europa domina el vivero del fútbol mundial

Indicador

Dato

Total jugadores en el Mundial 2026

1,248

Juegan por país distinto al de nacimiento

289 (23.2%)

Nacidos en Europa jugando por otras selecciones

~243 (84% de los 289)

Solo Francia aporta

113 jugadores a 15+ selecciones

Aumento respecto a Qatar 2022

+40% (de 137 a 289 casos)

Selecciones con plantel 100% local

8 de 48 (incluye Panamá)

Selección más dependiente de Europa

Curazao (25 de 26 nacidos en P. Bajos)

Fuentes

Análisis del periodista Jaime F. Macías / Telemundo  ·  La Nación (Argentina)  ·  Claro Sports  ·  The Objective (España)  ·  Infobae  ·  Bolavip  ·  TV Azteca Deportes  ·  FIFA 2026

Elaborado por el Profesor Felipe Argote con Inteligencia Artificial Claude (Anthropic)

LEY DE SUSTANCIA ECONÓMICA: ¿UN IMPUESTO ENCUBIERTO O EL FIN DE LAS EMPRESAS DE PAPEL?
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MIENTRAS SUBE LA RIQUEZA SE REDUCE EL GASTO PÚBLICO EN EDUCACIÓN

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5 de junio de 2026

EL AGUA EMBOTELLADA: EL NEGOCIO SILENCIOSO QUE CORRE POR LAS CALLES DE PANAMÁ

 

Por el profesor Felipe Argote




En Panamá hay negocios que hacen ruido. Están los bancos, los puertos, la Zona Libre, la construcción, los seguros, los supermercados y las telecomunicaciones. Todos salen en los titulares, todos tienen voceros, todos tienen gremios, todos tienen estudios, todos aparecen en discursos oficiales.

Pero hay un negocio que casi nadie mira con lupa y que, sin embargo, todos consumimos: el agua embotellada.

Sí, el agua. Esa botella que se compra en la tienda, en el supermercado, en la farmacia, en la gasolinera, en la fonda, en el estadio, en la playa, en el tranque, en la oficina y hasta en la reunión donde se habla de “sostenibilidad” mientras la mesa está llena de plástico.

La economía tiene esas ironías maravillosas. El producto más básico del mundo, el que debería salir limpio, barato y confiable del grifo, se convierte en un negocio privado creciente porque la población no siempre confía en el suministro público, porque hace calor, porque vivimos corriendo, porque hay turismo, porque hay eventos, porque hay comercio informal y porque, sencillamente, la gente tiene sed.

Según las cifras oficiales del INEC, Panamá produjo en 2024 aproximadamente 156.9 millones de litros de agua embotellada. Las ventas fueron de 151.6 millones de litros y el valor reportado por las empresas productoras fue de B/.38.8 millones.

Son casi 157 millones de litros de agua embotellada al año.

Eso equivale a más de 400 mil litros diarios. Todos los días. Domingos, feriados, carnaval, Semana Santa, fiestas patrias, tranques, cortes de agua y apagones incluidos.

Y aquí viene lo interesante: en 2020, la producción era de 109.6 millones de litros. Para 2024 subió a 156.9 millones. Eso significa que en apenas cuatro años la producción aumentó más de 40%. El valor de las ventas pasó de B/.25.7 millones en 2020 a B/.38.8 millones en 2024.

Mientras muchos sectores se quejan con toda razón de la falta de agua en sus plumas el agua embotellada siguió creciendo. Botella por botella, garrafón por garrafón, tienda por tienda.

Ahora bien, hay que hacer una aclaración importante. Los B/.38.8 millones no representan necesariamente el tamaño total del negocio al consumidor final. Esa cifra corresponde al valor de ventas reportado por las empresas productoras. Después vienen los márgenes de los distribuidores, los supermercados, las tiendas, los restaurantes, los hoteles, los eventos y todos los márgenes comerciales que se agregan en la cadena.

En otras palabras, el negocio que ve el consumidor en el mostrador es mayor que el valor de fábrica.

Si dividimos el valor de ventas entre los litros vendidos, el precio implícito de productor ronda los 26 centavos por litro. Un litro de agua del IDAAN para una industria vale aproximadamente entre B/. 0.00030 y B/. 0.00048, dependiendo del consumo mensual. Es decir, menos de una décima de centavo por litro solo por agua potable. Se vende en $0.26.

Pero nadie compra una botella de agua a 26 centavos por litro en la calle. Allí entra la magia —y a veces la tragedia— de la intermediación: transporte, empaque, refrigeración, alquiler, margen comercial, impuestos indirectos si aplican en la cadena, costo de oportunidad y, por supuesto, la famosa frase empresarial que todo lo justifica: “es que todo ha subido”.

La pregunta que muchos se hacen es: ¿podemos saber cuánto vende cada empresa?

La respuesta responsable es: no con datos públicos oficiales.


El INEC publica la información agregada, no por empresa. Y eso no es un descuido. Es parte del secreto estadístico. Las empresas suministran información para formar estadísticas nacionales, pero esa información individual no puede divulgarse. La ley protege esos datos. Por eso podemos saber cuánto produce el sector, pero no cuánto produce cada jugador.

Eso no impide identificar empresas que tienen avisos de operación vinculados a agua embotellada. Allí aparecen sociedades dedicadas a procesamiento, embotellamiento, distribución, venta al por mayor o venta al por menor de agua. Pero una cosa es estar registrado para operar y otra muy distinta es saber cuánto produce, cuánto vende, cuánta participación de mercado tiene o cuánto factura realmente.

El negocio del agua embotellada revela, además, una contradicción profunda del país. Panamá es un país con abundancia de agua dulce, canal interoceánico, lluvias tropicales y recursos hídricos importantes. Sin embargo, una parte creciente de la población depende del agua embotellada para consumo diario o para tener seguridad frente a interrupciones, turbiedad, baja presión o simple desconfianza.

Y aquí aparece el problema económico de fondo: cuando un servicio público esencial no genera plena confianza, el ciudadano paga dos veces. Primero paga impuestos, tarifas o contribuciones para financiar el sistema público. Luego paga agua embotellada para resolver en privado lo que el sistema público no garantiza con suficiente calidad, continuidad o credibilidad.

Eso es economía de la vida real.

No la economía de los libros elegantes con fórmulas perfectas, sino la economía del bolsillo: la señora que compra un galón para la casa, el trabajador que compra una botella en el almuerzo, el pequeño comerciante que compra cajas para revender, el restaurante que no puede arriesgarse a quedarse sin agua, el padre de familia que compra garrafones porque en su barriada “el agua se va a cada rato”.

El agua embotellada crece porque hay demanda. Y la demanda crece porque hay calor, urbanización, inseguridad hídrica percibida, movilidad, turismo, cambios de consumo y fallas reales o percibidas en el suministro.

No se trata de satanizar a las empresas. Las empresas vieron una necesidad y la atendieron. Ese es el mercado funcionando. El problema no es que exista agua embotellada. El problema es que se vuelva indispensable en un país donde el agua debería ser uno de los servicios públicos más confiables.

También hay una dimensión ambiental que no puede ignorarse. Más agua embotellada significa más envases, más plástico, más logística, más transporte, más refrigeración y más residuos. Si el país no fortalece reciclaje, recolección, reutilización y normas ambientales efectivas, el negocio privado termina generando costos públicos.

En economía eso se llama externalidad. En español sencillo: alguien gana, alguien consume y después otro paga el desorden.

El negocio del agua embotellada en Panamá ya no es pequeño. Es un sector de decenas de millones de balboas a nivel productor y probablemente bastante más cuando se mira el precio final al consumidor. Es un negocio en expansión, conectado con hábitos de consumo, fallas institucionales, salud pública, logística, comercio minorista y ambiente.

La gran pregunta no es si el negocio seguirá creciendo. Probablemente seguirá creciendo.

La gran pregunta es qué nos dice ese crecimiento sobre el país.

Porque cuando el agua embotellada crece tanto, no solo estamos viendo botellas. Estamos viendo confianza, infraestructura, desigualdad, distribución, urbanización, oportunidades de negocio y debilidades del Estado.

En Panamá hasta el agua tiene clase social. Unos la reciben con presión, otros la compran en botella, otros la almacenan en tanque y otros esperan que vuelva.

Y allí, en esa botella transparente que parece tan simple, se esconde una radiografía completa de la economía panameña.

Este es solo un sector que hace dinero por la ineficiencia del IDAAN, también están los carros cisterna y los diputados, amigos y parientes de los gobernantes que se hacen millones con la repartición de agua. Para estos la ineficiencia del IDAAN es su mejor negocio… pero eso… es otra historia.

LEY DE SUSTANCIA ECONÓMICA: ¿UN IMPUESTO ENCUBIERTO O EL FIN DE LAS EMPRESAS DE PAPEL?
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