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30 de septiembre de 2010

DOUBLE DIP

Por: Felipe Argote


"Just take one dip and end it": George Constanza en Seinfield
Como en todos los países del mundo, en Estados Unidos hay términos populares que se acuñan por generación espontanea y que empiezan a formar parte del lenguaje como una leyenda urbana. Últimamente entre los círculos de economistas y analistas financieros se habla mucho del doble dip para referirse a la posibilidad de que el país norteamericano caiga en una segunda recesión antes de fin de año o a principios del próximo. El término surge de lo malo que resulta cuando un invitado sumerge un nacho en una vasija de queso derretido y luego de saborearlo lo introduce nuevamente en la vasija de queso común. Yo lo sé porque soy un fanático de la genial serie Seinfield, especialmente de las rutinas de George Constanza.

Edificio de NBER en Masschusetts
Oficialmente, casi por decreto, el National Bureau of Economic Research (NBER), un panel de economistas independientes establecido en el estado de Massachusetts y cuyo propósito entre otros es declarar el inicio y fin de los procesos recesivos de Estados Unidos, anunció el fin de la recesión. Según este panel la recesión norteamericana oficialmente terminó en junio de 2009 y tuvo una duración de 18 meses, ya que se inicio en diciembre de 2007, poco más de un año antes de la salida de George Bush de la casa blanca

Según este grupo de especialistas, de darse una caída del PIB se marcaría el inicio de una segunda recesión y no una continuación de la que creó la burbuja inmobiliaria durante el gobierno de George Bush hijo (double dip)

La base fundamental para la aseveración del NBER es que en el cuarto trimestre del año pasado la economía norteamericana creció a un 5%, luego en el primer trimestre de este año subió solo 3.5%, mientras en el segundo trimestre se desaceleró a 1.6%.

Pero el indicador que crea mayor preocupación, que es por supuesto parte del mismo problema de crisis económica, reflejado en la desaceleración de la economía, es sin lugar a dudas el desempleo. Actualmente los niveles de desempleo en Estados Unidos se elevan a casi un 10% convirtiéndose en el mayor índice de desempleo desde 1983, en la crisis económica desatada durante el gobierno de Ronald Reagan, al engrosar la fila de los desempleados un total de 12 millones de norteamericanos

El gobierno de Barack Obama ha respondido con las mismas medidas neo keynesianas que ya había iniciado el gobierno de Bush en sus estertores. Actualmente Obama impulsa un plan de estímulos por 700 mil millones de dólares con el objetivo de rescatar tres millones de empleos.

En éstos momentos los norteamericanos muestran un optimismo cauteloso, que en el fondo se desconoce si se debe a la muy lenta recuperación, que a pesar de mostrarse lenta como un caracol al menos aun no brinda nuevos signos negativos, o si solo se trata de que “la esperanza es lo último que se pierde”.

En todo caso la posibilidad de una segunda recesión en los Estados Unidos con sus consecuencias directas en el resto del mundo globalizado, no depende solo de la inspiración cada vez más débil del presidente Obama, sino además de las medidas y los efectos de las otras economías de los países desarrollados, específicamente la unión europea, pero adicional y muy especialmente del comportamiento de China.

Albus Dumbledore
La economía China se ubica en el umbral entre el amor y el odio para los Estados Unidos: Amor porque el crecimiento de China es conveniente para la economía estadounidense pues resulta en un aumento en la demanda para sus exportaciones, pero al unísono genera sentimientos de odio, porque es la mayor responsable de la fuga de empleos de sus fábricas, que se han trasladado y se siguen trasladando hacia el oriente en busca de mejores economías de escala.

Como están de inciertas las cosas en la economía norteamericana, más que un terreno apto para el concienzudo análisis de los más iluminados economistas de nuestra época, la situación es más propicia para la convocación a Nostradamus, Merlín, o Albus Dumbledore.

Si Obama logra la recuperación de la economía norteamericana y evita el llamado double dip será merecedor de un Nobel de economía. Dudo que los suecos se lo entreguen por adelantado, como lo hicieron con el Nobel de la paz otorgado sobre la base de lo que suponían que serían las intenciones futuras del flamante presidente norteamericano.

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